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Reacciones Asimétricas, Tino de la Torre

Tino de la TorreSolo por recordarlo, el día 9 de mayo de 2021 el gobierno dio por terminado el estado de alarma, algo tan especial y tan grave como poco frecuente.

A partir de ahí entraban en vigor medidas que las comunidades autónomas iban adaptando en lo referido a horarios, cierres, aperturas, aglomeraciones permitidas… con el único objetivo de ir atenuando la incidencia de la pandemia. Y a la vez permitir un “despertar” progresivo de lo económico y social. Pero lo cierto, es que parece que se entró en otro estado que no se sabría muy bien cómo calificar. El hecho es que hay aglomeraciones masivas por doquier (es decir, lo opuesto a lo recomendado) de miles de personas, se hace botellón por calles, aparcamientos, parques y jardines (ignorando que el consumo de alcohol en via publica está prohibido y se puede multar) y si la policía se “atreve” a pasar por allí es “mal recibida”, por decirlo de alguna manera. Hasta que llegan más efectivos y consiguen más o menos disolver la reunión o simplemente el personal considera que ya se ha divertido bastante y se marcha a su casa.

Para poder llegar a esta situación casi de “dolce vita” de la que disfrutan algunos miles, casi siempre jóvenes,  han ocurrido muchas cosas: han muerto aproximadamente 140,000 personas (puede que más), ha habido un esfuerzo y un despliegue en lo sanitario y organizativo sin precedentes en este país y, hay que decirlo, millones de personas han sido prudentes durante muchos meses. No se olvide, además, que el gasto que ha tenido la compra y la administración de las vacunas ha sido descomunal (algún día sabremos la cifra) y no habría que olvidar que son muchos los países que todavía sueñan con poder inyectar una primera vacuna a la población; la que llega a veces les llega caducada o solo pueden permitirse poner una. Me comentaba hace unos dias un amigo, que su compañero de trabajo ha visto como en una semana (en Méjico) han muerto padre y dos hermanos por Covid 19. Todos ellos con una sola dosis de vacuna porque no hay para más. La segunda dosis, usando frase célebre, ni está ni se la espera.

Esta realidad palmaria nos debería hacer desplegar más empatía con los nuestros y  con un mundo grande que lo pasa mal (esto de la empatía, como lo de la asimetría, se usa mucho en el lenguaje pero se aplica menos) y en el que siguen muriendo muchos cada día. Y que haya un poco menos de desparrame porque no se ha ganado ninguna guerra de ningún tipo.  Simplemente tenemos suerte de ser un país rico que se puede permitir las dos dosis y hasta la tercera si hace falta. Y una red de hospitales que son capaces de hacer casi milagros con los que va llegando en precaria condición.

Y aquí es donde viene la pregunta: ¿todo ese “mundo botellón” de gran aglomeración que suele acabar con ataques a la policía, robos y demás se puede entender como una liberación ante el encierro, una liberación por la opresión que hemos sentido?. ¿Nos vamos a creer que todo este desmadre de los fines de semana, con sus destrozos y ataques,  tiene algo de ideología y/o reivindicación política?. Juzguen Vds.

En paralelo, llama mucho la atención ver como en lugares (solo estoy pensando en España y en 2021) están ocurriendo y han ocurrido otras desgracias en paralelo a la pandemia,  confinamientos y demás. Y como las enfrentan los paisanos.

Me estoy refiriendo a inundaciones, por citar algunas, en Alcanar (Tarragona), comarcas de Toledo, comarcas de Valencia, tremendos aluviones en Águilas (Murcia) con enorme pérdida material y moral en todos los casos.

También me estoy refiriendo a incendios en Almería, Navarra, Albacete, Cantabria, el aterrador de Ávila… con pérdida de casas, tierras, ganados, incluso bomberos fallecidos.

Y por último, también me refiero al volcán de La Palma. Se ha llevado lo suyo por delante y nadie sabe cuándo acabará. La gente está angustiada y lamentando lo perdido. La verdad, no me ha parecido ver a nadie de estas gentes ante tanta tribulación, que se reúnan en botellón masivo y luego ataquen a la policía, ni haya robos ni pillajes. Lloran las pérdidas solos o con los suyos, piden ayuda y agradecen la que reciben, sin más altercados.

Parece que hay una gran “asimetría” en las reacciones de unos y otros. Quizá hay que ir pensando que hace falta poner un poco de orden y poner el país en marcha de una vez. Aunque lo de “poner un poco de orden” suene casi mal en estos tiempos.

Tino de la Torre
Empresario


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