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Tecnología y creatividad para encarar una nueva etapa en el sector educativo

creatividadHace prácticamente un año exacto, desde la primera línea del panorama tecnológico de nuestro país observamos con estupor cómo los colegios se veían obligados a cerrar las aulas. Los docentes estaban a punto de reinventar una manera de hacer que acumulaba siglos de presencialidad en su fórmula del éxito.

Afortunadamente, las aguas volvieron a su cauce con más o menos sosiego a principios del presente curso escolar y, mayoritariamente, los alumnos de nuestros colegios asisten hoy a clase y comparten espacios educativos con sus compañeros y profesores. Ahora bien, la huella del teletrabajo ha calado hondo no solo en los colegios, sino también en las empresas. Por tanto, para considerar ahora que los jóvenes han recibido una educación de calidad, es necesario evaluar que conocen y saben utilizar aquellas herramientas que les faciliten el desempeño de su profesión en remoto. No en vano, las empresas que están saliendo más rápido de la crisis son las que poseen una mayor densidad tecnológica en su composición y los centros educativos no pueden ser ajenos a esa realidad.

Como efecto colateral, la profunda aplicación de la tecnología está posibilitando que, frente a la tan anunciada inversión de la pirámide demográfica que pocos tomaron lo suficientemente en serio, algunos colegios han iniciado una imparable ampliación de servicios para captar nuevos alumnos. Aplican los mismos criterios de innovación y excelencia que promovieron en las etapas obligatorias y el bachillerato a la formación profesional, lo cual redunda en la captación de profesionales que necesitan reubicarse en el mercado laboral o profundizar a través de formación no reglada en temas específicos (e-commerce, márqueting digital, logística…). Quizá la rentabilidad de un centro educativo no pase solamente por mantener abiertas todas las líneas desde los 3 a los 18 años, sino que pueden complementarse las matrículas con profesionales que llenen las aulas (presenciales o virtuales) más allá de las 5 de la tarde.

Pero digitalización también significa especificidad. Cualquier producto o servicio necesita contar con una voz clara y distinta y la comunicación (entendida como cualquier conexión entre los nodos de un centro educativo) hoy requiere de un componente tecnológico. Hace una década las familias sabían que un pabellón polideportivo o unas pistas de atletismo eran un significante concreto para unos significados que se atisbaban magníficos. Hoy, la  responsabilidad de situar a los jóvenes en las mejores posiciones de partida para encarar el futuro pasa por información: disponer del seguimiento de los hijos junto al calendario de trabajo, el último email y las noticias… todo cabe en un bolsillo.

Por todo eso necesitamos tecnología en las aulas, sí. No queda opción de postponer la decisión de digitalizar las clases porque sabemos que las olas de la pandemia van y vienen y, aunque deseamos que no vuelvan a convertirse en un tsunami, no tenemos garantía de ello. Sin embargo, nos atrevemos a decir que, más allá de una simple digitalización, este es el momento para la tecnología disruptiva, que deja espacio a la flexibilidad, la creatividad y el crecimiento. Porque los auténticos valores de la escuela van a tener que identificarse en un campo de juego virtual y necesitamos herramientas que nos permitan asegurarnos el éxito desde el minuto cero.

Montserrat Brau
Socia Fundadora y directora general de Clickedu


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