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Tabarca, la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y un enclave que presume de su peculiar belleza fuera y dentro de sus aguas

Frente a las costas alicantinas se encuentra Tabarca, la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y un enclave que presume de su peculiar belleza fuera y dentro de sus aguas. Su perfil amurallado, su curioso pasado y sus aguas cristalinas son los ingredientes con los que atrae a los visitantes en busca de un día especial en la Costa Blanca.  

            La isla

Más que de una isla, se trata de un pequeño archipiélago, compuesto por los islotes La Cantera, La Galera, La Nao y Tabarca, una pequeña extensión de terreno de menos de dos kilómetros de largo por 400 metros de ancho que se ubica unas millas al sur del cabo de Santa Pola. Su cercanía a esta localidad costera y la capital alicantina la convierten en una escapada perfecta para los numerosos viajeros que eligen pasar sus vacaciones en la Comunidad Valenciana, y una oportunidad para convivir con el escaso centenar de habitantes de la isla.

De sus atractivos, destacan sus fondos marinos, muy apreciados por los submarinistas. De hecho, este espacio está protegido con la figura de Reserva Marina desde hace más de tres décadas. Uno de sus valores diferenciales es la pradera de Posidonia oceánica, en regresión en otras zonas del Mediterráneo, y que en los alrededores de la isla de Tabarca presenta un óptimo estado de salud, pues es “extensa y densa” y, además, sirve de alimento o refugio a múltiples especies de invertebrados como la nacra (Pinna nobilis), explica el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

También hay recursos pesqueros, si bien hay que tener en cuenta que para pescar o bucear en esta islas se requiere autorización previa. Consulta los requisitos aquí.

Tierra adentro, este remanso de paz del Mediterráneo puede descubrirse sin prisas recorriendo un sendero que rodea la isla y que facilita la observación del paisaje costero o seguir los movimientos de las aves.

            Una apacible excursión  

A Tabarca se puede acceder desde Alicante, Santa Pola o Benidorm en un paseo marítimo de menos de una hora. Esta cercanía hacen de la isla una candidata muy bien posicionada para ser elegida en las excursiones de los viajeros que veranean en la Costa Blanca alicantina.Una vez allí, se puede optar por pasar el día en una de sus calas o sus playas; a la hora de comer, no hay que dejar pasar algunas de las elaboraciones más tradicionales de la isla como el suquet de la isla o el caldero tabarquino, a base de gallineta, lechola y otros pescados, que se pueden degustar en los restaurantes y chiringuitos de la isla.

En el poblado, hay algunos lugares de parada obligatoria como la iglesia de San Pedro y San Pablo o la muralla adaptada al perímetro de la isla, construida en piedra y con tres puertas de estilo barroco. En la mesa, las elaboraciones más tradicionales de la isla como el ‘suquet’ de la isla o el caldero tabarquino, a base de gallineta, lechola y otros pescados

También hay una interesante oferta hotelera para los que quieren disfrutar de la paz de este enclave, una vez la abandonan los visitantes en los últimos enlaces con la costa alicantina.

Para conocer todos los detalles de la historia de la isla es recomendable visitar el Museo Nueva Tabarca, abierto en 2004, donde se exhiben los valores geográficos, etnográficos, medioambientales e históricos de la isla.

            Un poco de historia de Tabarca

Y es que este pedacito de tierra emergido del Mediterráneo tiene una historia peculiar. Albergó en el pasado un refugio de piratas berberiscos. En el siglo XVIII, se sucedieron dos acontecimientos que cambiaron el devenir histórico de la isla. Por un lado, se decidió fortificarla para impedir que los piratas la usaran para preparar sus incursiones. Por otro, el rey Carlos III logró redimir a familias de pescadores de Génova que estaban cautivos en la ciudad tunecina de Tabarka, origen de la actual denominación de la isla, y que terminaron instalados en la isla para poder continuar su trabajo en el mar. Los apellidos de los habitantes de la isla -Buzo, Capriata, Colomba, etc.- dan fe de aquellos sucesos, al igual que los diferentes monumentos de la isla que datan de esa fecha, como las murallas que rodean al núcleo urbano y que han sido declaradas Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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