«Tiempo de Melones», por Tino de la Torre
El melón está ahora en su mejor momento y particularmente, opino que es una fruta que no tiene el reconocimiento que merece. En una parada de un viaje por carretera que hice semanas atrás aprecié, a unos quinientos metros de distancia, un tractor que arrastraba un remolque. Avanzaba lentamente. Se podía escuchar el traqueteo del motor.
Arriba, dos personas recogían al vuelo los melones que lanzaban los que estaban abajo y que previamente habían cortado. Los depositaban con cuidado. La procesión avanzaba y recogía el trabajo de toda la temporada. Supongo que horas y días de trabajo les esperaban para recoger toda la melonada.
No quisiera hacer comparaciones entre el melón local y el internacional pero intuyo que el de aquí suele ganar. Al menos en dimensión, a la vista de tantas cosas.
La RAE, que no se les escapa una, hace una interpretación extensa ampliando a que un melón puede ser alguien necio o torpe. Por ende, una melonada se puede también definir como una gran torpeza o enorme tontería.
La cosecha, a decir, de los agricultores, está siendo buena. Mejor que otros años, cosa que celebramos. También la cosecha de la otra acepción, leyendo la prensa y otros medios, está siendo generosa. Podemos encontrar de todo tipo y magnitud y en cualquier momento del año y es lamentable.
Con el descenso de actividad que acompaña a estos meses hay oportunidad de pensar y reparé cómo el melón (y la melonada) puede servir para calibrar ciertos infortunios y a sus protagonistas. Algunos son simpáticos, otros no tanto. Les pongo ejemplos:
El melón Ave. Viajaba en un tren rápido que iba lleno. Una persona tras hablar por el móvil durante varios minutos, a volumen de español en restaurante, cesa, se lo piensa y dice: “te dejo que voy en el vagón del silencio”.
Melonada Vacaciones en el mar. Ocurrio en un crucero. Entre todos incitaban a la señora a que se lanzara con decisión para aterrizar en los brazos del amado, rememorando la escena de la película Dirty Dancing. La banda sonora de la película, atronando, lo envolvía todo. Varios animadores, a ambos lados del muchacho, querían garantizar la estabilidad en el aterrizaje. La señora, muy venida arriba, se arrancó pero justo en el momento del despegue patinó, cayó al suelo y rodó hasta golpearse con una hamaca desde la que observaba la escena un señor belga. Se escuchó el comentario: «se veía venir»
Melón Joya. Cómo alguien puede pensar que si le regalan unas joyas de obsceno tamaño y valor se puede pensar que eso es por amistad y no hay un “a cambio de” presente o futuro.
Melonada urbana. Si algo se veía venir es el incremento de población y que el número de hogares crece siendo estos de cada vez menos integrantes. Cuando el problema es ya agobiante comienzan a hablar de soluciones que sabemos que no pueden ser operativas hasta dentro de al menos 5 o 6 años. Por otro lado, al propietario que tiene un piso, lo tienen atemorizado ante la posibilidad de que le puedan ocupar la vivienda. Resultado: desaparecen las viviendas de la oferta y se busca la rentabilidad vía alquiler vacacional que tiene menos inseguridad en este aspecto.
Melón en llamas: Quien entiende que un país con recursos y políticos en cada esquina no sea capaz de hacer algo respecto a los incendios de cada verano. Cada año son mayores las extensiones que arden. Este año, otro año, anuncio de inversión de bastantes millones para «combatir el cambio climático» sin precisar cómo ni qué van a hacer. Siempre después de un paseo en helicóptero del de turno visitando lo devastado. Y opinando.
Melón eclipse. Aquí alguien queda mal. O los conductores, porque necesitamos que nos digan, en el letrero de la autopista, que no usemos las gafas del eclipse para conducir, o bien alguien que nos considera unos melones y que mejor dejarlo claro.
Melón Invasión: En la «Crónica de una invasión anunciada» resulta que nadie sabía nada de un movimiento de 70,000 personas a pocos metros de la frontera. O sí se sabía lo que iba a ocurrir desde el momento en que calientas al enemigo haciendo visitas que molestan.
Al final de la temporada los melones que se ofrecen son los mejores y están en oferta. Temblemos. Añado: ¿no habría que abrir el melón de a quién permitimos que administre este país?
Tino de la Torre
Gerente de Westfalia Gestión de Patrimonios y Escritor
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