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No estamos contra nadie: Estamos donde el amor se convierte en responsabilidad

responsabilidadEscribimos esta carta como madre y padre.
No la escribimos desde un despacho…
No desde una mesa de negociación…
No desde unas siglas…
No desde un partido…
No desde un sindicato…
La escribimos desde casa, desde la preocupación de ver cómo nuestros hijos e hijas viven una situación que los adultos no hemos sabido resolver sin hacerles daño.

La escribimos desde la mesa de la cocina donde nuestros hijos nos miran con ojos llenos de preguntas que no siempre sabemos responder.

La escribimos con el corazón encogido, como tantos otros padres y madres que solo queremos lo mejor para ellos.

La escribimos pensando en los niños que preguntan si mañana habrá clase. En los adolescentes que no saben si tendrán examen, si se aplazará, si contará, si llegarán preparados.
En las familias que miran el móvil esperando un comunicado del centro. En quienes tienen que reorganizar trabajos, horarios, cuidados, comedor, transporte y rutinas.
En quienes tienen hijos con necesidades especiales y viven cualquier cambio con una angustia añadida.

Y la escribimos, sobre todo, porque sentimos que en demasiados momentos nuestros hijos e hijas han quedado desplazados del centro de la conversación.

Queremos decirlo con claridad desde el principio:
No estamos contra el derecho de huelga del profesorado.
No estamos contra los docentes.
No estamos contra quienes luchan sinceramente por una escuela pública mejor.
Sabemos que hay problemas reales.
Sabemos que hay aulas saturadas, falta de recursos, burocracia, cansancio, plantillas insuficientes y docentes que sostienen cada día mucho más de lo que se ve desde fuera.

A esos docentes que estáis sufriendo esta situación y que seguís pensando en vuestro alumnado: OS VEMOS.
Sabemos que muchos no queréis hacer daño.
Sabemos que muchos estáis intentando explicar, acompañar, cuidar, informar y sostener emocionalmente a vuestros alumnos.
Sabemos que muchos creéis de verdad que vuestra lucha también es por ellos.

Pero también necesitamos decir algo que duele: una parte de esta huelga se está alejando del alumnado.
Cuando todo se convierte en cifras, porcentajes, comunicados, ruedas de prensa, servicios mínimos, reproches políticos y negociaciones cerradas, los niños desaparecen.
Se habla de ellos, sí.
Se les menciona constantemente.
Se dice que todo es por ellos.
Pero, al final, ellos no están en la mesa.
Y sus familias tampoco.

Nuestros hijos no negocian.
No salen en los medios.
No firman comunicados.
No deciden servicios mínimos.
No votan propuestas.
No se sientan frente a la Administración ni frente a los sindicatos.
Pero son quienes viven cada día las consecuencias.

Un niño no entiende de mesas sectoriales, pero sí entiende cuándo los adultos le fallan.
Un adolescente no entiende todos los detalles jurídicos de una huelga indefinida, pero sí entiende la ansiedad de no saber si su evaluación será justa.
Una familia no siempre entiende los equilibrios sindicales o administrativos, pero sí entiende el miedo de ver a su hijo preocupado, desorientado o cansado.

Por eso preguntamos, con respeto, pero con firmeza:

Si de verdad se está hablando del futuro de la educación pública, ¿cómo puede ser que las familias no estén sentadas en algún espacio formal de escucha?

No pedimos ocupar el lugar de nadie.
No pedimos sustituir a los sindicatos.
No pedimos negar el derecho de huelga.
No pedimos mandar.
Pedimos ser escuchados.

Porque la escuela pública no pertenece solo a la Administración.
No pertenece solo a los sindicatos.
No pertenece solo al profesorado.
La escuela pública también pertenece al alumnado y a sus familias.
Y si el alumnado es el centro de la conversación, entonces las familias no pueden estar en la puerta.

Nos duele ver cómo una lucha que dice defender la escuela pública está rompiendo puentes dentro de la propia comunidad educativa.
Docentes, familias, equipos directivos y alumnado deberíamos estar en el mismo lado: el lado de los niños y niñas.
Sin embargo, muchas veces sentimos que se nos coloca en bandos.
O estás con la huelga o estás contra la escuela pública.
O preguntas demasiado o eres enemigo.
O te preocupan los exámenes de tu hijo y entonces parece que no entiendes nada.

Una familia que pregunta no es enemiga de la escuela pública.

Una madre que expresa preocupación no está atacando al profesorado.

Un padre que pide información clara no está negando derechos laborales.

Una asociación de familias que pide garantías para el alumnado no está traicionando a nadie.

Nos duele que, en algunos casos, madres, padres o asociaciones hayan sido tratados con desprecio simplemente por expresar dudas, preocupación o una opinión diferente.
No queremos generalizar, porque sabemos que no todos actúan así.
Pero sí queremos recordar algo sencillo: las familias no somos el enemigo. Somos quienes levantamos a esos niños cada mañana.
Somos quienes los acompañamos cuando lloran.
Somos quienes vemos su ansiedad antes de dormir.
Somos quienes intentamos explicarles lo que a veces ni los adultos sabemos explicar.

Y cuando nuestros hijos no tienen todavía voz suficiente, somos nosotros quienes debemos defenderlos.

A los sindicatos les decimos con respeto: si habláis en nombre de la educación pública, escuchad también a las familias.
No basta con mencionar al alumnado en los comunicados.
No basta con decir que se lucha por ellos.
Los niños y niñas no pueden ser solo argumento.
No pueden ser solo bandera.
No pueden convertirse en el silencio que todos dicen proteger.

A la Administración le decimos: no basta con fijar servicios mínimos.
No basta con sentarse a negociar únicamente con una parte del conflicto. No basta con emitir comunicados.
Hace falta transparencia, información clara, sensibilidad y una vía real para escuchar a las familias.
Porque detrás de cada decisión hay un alumno, una casa, una rutina, una preocupación y, muchas veces, una situación familiar complicada.

A los equipos directivos les decimos: sabemos que estáis en una posición difícil.
Muchas veces sois quienes tenéis que contenerlo todo: instrucciones, huelga, familias, profesorado, alumnado, horarios, comedor, transporte, evaluaciones.
Os pedimos claridad, humanidad y comunicación.
Una familia informada sufre menos.
Una familia escuchada confía más.

Y a la sociedad le pedimos que no simplifique.
Esto no va de buenos y malos.
No va de docentes contra familias.
No va de familias contra huelguistas.
No va de Administración contra sindicatos.
Va de algo mucho más profundo: va de si somos capaces de proteger a los niños incluso cuando los adultos estamos en conflicto.

Porque nuestros hijos no son una nota al pie en una negociación.

No son una herramienta de presión.

No son una cifra.

No son un daño colateral.

Son niños y niñas.
Son adolescentes.
Son alumnos.
Son personas en formación.
Son quienes más dependen de que los adultos actuemos con responsabilidad.

Por eso pedimos algo muy concreto: que se cree un espacio formal de escucha con las familias.
Una mesa, una reunión, una comisión, un canal real.
Lo que corresponda.
Pero que exista.
Que se nos escuche sobre exámenes, evaluaciones, comedor, transporte, servicios mínimos, atención al alumnado vulnerable, conciliación y estabilidad emocional de nuestros hijos e hijas.

No pedimos romper la huelga. Pedimos que no se rompa la comunidad educativa.

No pedimos quitar voz a nadie. Pedimos que no se nos quite la nuestra.

No pedimos que se deje de negociar. Pedimos que se recuerde por quién se dice que se negocia.

La educación pública también se defiende escuchando a las familias. No solo hablando en su nombre.

A quienes hablan en nombre de la educación, les pedimos algo sencillo:
Antes de tomar la próxima decisión, miren a los ojos de nuestros hijos e hijas.
Piensen en ellos entrando a clase sin saber qué pasará.
Piensen en quienes están preparando una evaluación importante.
Piensen en quienes necesitan rutina, apoyo, calma y seguridad.
Piensen en quienes todavía no pueden defenderse solos.

Nuestros hijos no tienen todavía voz suficiente para sentarse en una mesa de negociación. Por eso estamos nosotros. No para gritar más que nadie, sino para recordar a todos que la educación solo tiene sentido si ellos siguen estando en el centro de atención.

Firmado:
Una madre y un padre

G.F.V.


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One thought on “No estamos contra nadie: Estamos donde el amor se convierte en responsabilidad”

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