“La paz entre los intelectuales”, Jesús Millán Muñoz
Pertenezco al pueblo, percibo cosas que los situados en montes más altos, muy altos o medianamente altos, no sienten o no perciben, porque hace tiempo que no están en el valle.
Desde abajo, se percibe con preocupación que es rara la quincena, por no decir la semana, dejémoslo en la quincena que no se forma o conforma una trifulca intelectual entre intelectuales –llamo intelectuales a todos los oficios de las ideas y de la cultura, excepto los catedráticos, que son los que saben y, que rara y singularmente se meten, éstos, no sé, si porque saben demasiado o porque saben cómo puede terminar todo, se quedan en sus cátedras, estos que nos podrían enseñar de verdad, y, que los periódicos podrían contratar para darnos luz, estos siguen en sus artículos científicos y en sus congresos y en sus libros-.
Pero los demás, artistas, escritores, pensadores en general, periodistas, articulistas da la sensación, puede que esté equivocado, que quincenalmente no hay una noticia o información o dato o realidad en la sociedad o en los periódicos que no sirva para enfrentarse o confrontarse… ¡Y, esto, esto es muy preocupante, al menos así me lo parece a mis ojos y mis labios y mis oídos…!
No va a negar este escribiente la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad de consciencia, la libertad de la inconsciencia, la libertad de escritura, la libertad de publicación. No va a ser este modesto plumífero quien niegue esas libertades, pero en nombre de esas libertades tengo que expresar. Pero y que creo que esto está llegando a niveles, preocupantes.
No digo que haya pasado ya una línea grave o radical o extrema, pero si hemos pasado una línea moderada. Creo que cada autor o autora puede pensar y sentir y percibir y escribir el mundo, como crea conveniente, siempre dentro del marco de la legalidad y la moralidad y el sentido común. Pero creo que los ánimos entre los intelectuales, utilicemos esta palabra ya antigua, ya poco utilizada, creo que hay que echar hielo y trozos de hielo al caldero de la discusión pública de temas intelectuales y de todos. Creo que los intelectuales no están para entrar en el foso de los leones, ni del coso del toro y del torero. Los intelectuales nos tienen que dar luz y sosiego y datos y razones y argumentos y sentir que podemos vivir en paz, hoy y mañana…
Puedo entender y comprender que pueden existir muchas ideas y sistemas de ideas, muchas ideologías diferentes en los intelectuales, muchos traumas y heridas nacidas y surgidas en uno mismo, en adolescencias o juventudes o heridas de abuelos y padres y bisabuelas. Puedo entender todo esto, pero el oficio del pensador, del filósofo, del científico social, del periodista es el de humanizar la vida, dar luz para hacer la vida mejor con ideas.
Por tanto, si alguien, individuo o colectivo, expresa sobre un tema una solución A, con una serie de argumentos y razones, otro pensador o intelectual sobre ese mismo tema, puede expresar la solución B, con sus argumentos y datos y razones, y, otro la solución C… Pero sin faltarse el respeto, tratando al otro, que en ese tema tiene unas ideas diferentes con respeto y sumo cuidado. Jamás utilizar ataques a la persona, argumentos de las falacias “ad hominen”, y, tampoco otras falacias y sofismas que la lógica enseña. Hace ya suficientes años, en un artículo, publiqué una serie de falacias y sofismas, que son falsos en sí, y, que se emplean mucho en la vida normal y en la prensa escrita y en la prensa hablada y en la prensa de imágenes. Y, eso debería estar prohibido.
Cada uno autoprohibirse, utilizar falacias, cómo en una tesis que he leído muchas veces sobre un articulista, que mostraba y demostraba el uso de falacias como argumento estético, no diré el nombre… -bajo mi entender las falacias no se pueden utilizar, porque son mentiras, engaños, errores, manipulaciones, más si se hacen adrede, otra cosa es que alguien no se dé cuenta, pero si es un periodista o escritor o articulista, pues que lea durante dos o tres meses todas las falacias existentes.. para no utilizarlas, no para emplearlas-.
Un médico equis, porque tenga una ideología A, no tiene porqué darte un diagnóstico malo y negativo, si usted tiene “tres huevos en vez de dos”. Un médico porque tenga la ideología B, no tiene porque darle a usted un pronóstico y diagnóstico falso y erróneo, porque le ha descubierto que usted tiene “un huevo como una gallina y el otro como una perdiz”. Al interlocutor hay que tratarlo como persona, ese es el diálogo y esa es la tolerancia, el debate de las ideas consiste en eso, en/con sumo respeto al otro. Hastío y harto hartazgo tengo ya de décadas de polémicas en filosofía y teología y ciencias sociales, con lo fácil que es exponer lo que se piensa con respeto.
Aunque se tenga menos audiencia, hay que sacrificar a la audiencia, es mejor tener menos pero darle huevos mejor cocinados y de buen sabor con la máxima verdad y veracidad que cada uno pueda –en este artículo estamos utilizando mucho la palabra y metáfora y símbolo de los huevos, “porque estoy hasta los güevos”, parafraseando al famoso ministro, pónganle ustedes nombre-. Si alguien sigue mis artículos sabe que no utilizo tacos y palabras malsonantes, pero creo que este tema lo merece, porque no deseo que terminemos como el rosario de la aurora, y, vamos ascendiendo el monte, sin darnos cuenta, y, terminará de ese modo…
Y, la otra persona argumenta sus razones y sus datos. Así, ambos contendientes en un duelo medieval con respeto y reglas y con pañuelos y damas a quienes entregarles los laureles o victorias, como los duelos medievales. Así, así todos aprenderemos y aprehendemos de todos. Además, ahora los lectores, con los comentarios abajo pueden intervenir. Se produce la tetraconversación. Por un lado los equipos directivos de los medios, cada uno con su ideología, el escritor A de una ideología, el escritor B de otra ideología, y, el público. Así, así podemos aprender todos de todos.
No sé, cómo decir: Si el Parlamento se calienta, si los intelectuales se calientan demasiado, si los medios de comunicación se calientan, y, si el pueblo empieza a calentarse más de lo que parece, aunque parezca que está callado y en silencio. Si todo el mundo se calienta. Debo confesar, con tristeza, que no sabemos dónde nos llevará tanto calentamiento. No tienten al mal, no tienten la maldad y a la maldad. Por favor, echemos todos, trozos de hielo y cubitos de hielo de todos los colores, a la sociedad, al corazón de la sociedad. Aprendamos todos de todos, porque nadie, nadie tiene la total y absoluta verdad, ni nadie tiene la total y absoluta falsedad y error. Paz y paz y paz. ¡Qué más puede expresar un modesto columnista de opinión…!
Jesús Millán Muñoz
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