El postureo absurdo de las entrevistas laborales, Ángela González
Entrar en LinkedIn hoy es como pasearse por un desfile de frases motivadoras y perfiles perfectos.Gente que parece experta en todo: comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, pensamiento lateral, idiomas, yoga, meditación y Excel nivel ninja.
Después vienen los consejos…
A sonreír sin parecer desesperado. A hablar de tus defectos como si fueran virtudes. A enamorar al reclutador sin parecer demasiado entusiasta.
Una coreografía ridícula, donde lo último que importa es quién eres tú.
Vamos a ver.
Sí, por dinero. Para vivir. Para comer. Para pagar la luz.
No por amor al logo. No porque nos inspire el eslogan corporativo ni porque queramos “crecer dentro de la compañía”.
Y lo más divertido: esas ofertas que buscan candidatos de 25 años con 10 de experiencia, carrera, máster, tres idiomas y disponibilidad total por 1.100 euros al mes.
¿De verdad?
Pero seguimos con el teatro.
Nos preparan para entrevistas como si fueran castings.
Nos piden pasión, compromiso, actitud positiva… mientras ellos ni siquiera se dignan a responder si no has sido seleccionado.
Y ojo, que no pedimos milagros.
Solo un poco de coherencia. Un poco de humanidad.
Si llego puntual a tu empresa, con mi currículum, con mis ganas de trabajar, y encajo en el perfil, hazme preguntas reales. No me hagas fingir entusiasmo por algo que ni tú crees. No me evalúes por cómo sonrío ni por si digo “soy perfeccionista” con la entonación correcta.
Contrata a la persona. No al personaje.
Porque si seguimos premiando el postureo, vamos a seguir perdiendo a los mejores.
porque no dijo “gracias por la oportunidad” con la voz templada,
porque no decoró su hambre con palabras bonitas,
o porque no supo actuar en un teatrillo que ni siquiera merece público.
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