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Por un buen puñado de euros

buen puñadoPor no hablar siempre del Gobierno y del clan de los Pantoja, hoy voy a hablar de otro clan televisivo, al que tengo un poco arrinconado: el clan Campos. El motivo, es que Carmen Borrego, la segunda hija de María Teresa Campos, sigue y sigue rajando en contra de su televisiva familia.

Y lo hace en Viva la vida, el programa del fin de semana de T5. Pero, ¿cuál es el motivo, por el que Carmen Borrego, odia tanto a su familia? Pues siempre hay uno o varios motivos, por los que una persona actúa tan mal, ante todo el mundo, incluidos los suyos, y Carmen Borrego, no es la excepción, no.

El móvil o los móviles, que tiene la popular periodista madrileña, es el dinero, claro. Pero, lo que la incita a difamar a su sangre, son otros. Y muy ocultos. Creo que he dado con el porqué de tanto resquemor por parte de la tercera de las Campos: su invisibilidad ante los ojos del respetable.

Pues sí, me temo que este, el crudo y duro motivo, por el cual Carmen Borrego, vomita su espesa bilis, es un odio solapado a su madre y hermana mayor, por la escasa presencia televisiva y en las portadas de la revista, de la propia Carmen. No voy a ahondar ahora, en el organigrama familiar empresarial televisivo de las Campos.

Pero sí, subrayar el hecho fehaciente, de que Carmen Borrego, siempre ocupó unos puesto de productora televisiva, yo no de presentadora de los múltiples programas que han realizado el clan Campos a lo largo y ancho de casi 30 años de andadura televisiva. Ni que decir tiene, que esta posición de invisibilidad, habrá ido minando el ánimo de Carmen Borrego, hasta que ha estallado de mala manera. Pues no es nada agradable de digerir, el hecho de que siempre premiaran a Teresa y Terelu Campos, en detrimento de Carmen Borrego.

Flaco favor está haciendo Carmen Borrego a su madre, hermana mayor y su sobrina, vomitando tanta ruindad interna. Pero también, se está menoscabando su imagen, tanto televisiva, cómo pública. Todo por un buen puñado de euros. Por ahora, es la portada de revista. Pero una vez finalice todo este triste y amargo espectáculo, veremos lo que sucede con estas cuatro periodistas. Mientras tanto, a disfrutar del bochornoso show, unos, y el resto a hablar de ellas. Triste, pero cierto.

Amparo Gimeno Pastor


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