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Los crímenes de Peñaflor o los crímenes del Huerto del Francés.

Museo Criminal ¡Cuán verdad es que nada es tan inverosímil como la realidad! Ni las novelas de Posson di Terrail, ni los cuentos de Poe o las locuras de Maupassant pueden igualar el relato cierto de lo ocurrido en la localidad hispalense de Peñaflor, en los albores del siglo XX.

La excitación del oneroso lucro ajeno, el concubinar del juego ilícito y las libaciones en horas funestas, marcó a fuego y sangre la cabeza de sus seis víctimas, y quién sabe de cuántas embaucadas, en una trama perfectamente urdida, y con una organización que pudo actuar durante al menos seis años, sin ser descubierta.

En síntesis, una serie de seis asesinatos, perfectamente planificados, llevados a cabo en el pueblo de Peñaflor (Sevilla), entre los años 1898 y 1904. Los protagonistas de la historia: Andrés Aldije Monmejá, apodado el Francés en alusión a su lugar de nacimiento, Agen (Francia), y José Muñoz Lopera, el Manzanita, nuestro martillador patrio.

A mediados de noviembre de 1904 comienzan a correr como la pólvora las noticias sobre la desaparición de un vecino de la localidad cordubense de Posadas. En concreto, la denuncia presentada por Francisca Márquez Fernández, de 31 años, casada y vecina de Posadas, a mediados del mes de noviembre ante el Juzgado de Lora del Rio, sobre la desaparición de su marido.

Tras la denuncia, el Juez del partido, Alfonso Palma Blázques y el escribano Félix Nogués comenzaron las primeras diligencias de averiguación sobre el paradero del desaparecido. Y pronto comenzaron a aparecer indicios de que algo misterioso rondaba aquella desaparición. Según se supo después, durante las primeras indagaciones Muñoz Lopera fue llevado a declarar en el puesto de la Guardia civil por estos hechos, pero fue puesto en libertad ante la falta de prueba alguna. Algo parecido ocurriría días después con el Francés, si bien este aprovechó la ocasión para evadirse de la Justicia.

El día 3 de diciembre, el comandante del puesto, el cabo Juan Atalaya se reunió con el Juez de Instrucción, sobre la desaparición de Rejano. En días posteriores fueron varias indagaciones llevadas a cabo por el benemérito cuerpo, que llevaron a solicitar del Juez un auto para proceder al reconocimiento de la finca de el Francés. Hecho un primer reconocimiento el día 10, no se obtuvo resultado alguno. Al día siguiente sería el Juzgado municipal el que volviera a realizar una nueva inspección, con el mismo resultado. En un tercer intento de encontrar algún resquicio, y ante la presión de los familiares del desaparecido, se procedió a un tercer reconocimiento, cuyo resultado heló la sangre de los presentes.

Fue al mediodía del día 14 de diciembre, en un departamento del huerto destinado a conejera, al sacar una de las sondas de hierro, construidas al efecto, ésta estaba adherida de grasa animal en descomposición. Al escavar, y a un metro de profundidad se encontraron restos de cadáver humano enterrado, al menos, cuatro años antes. Aquella misma tarde se descubrió otro cadáver más. Se pudo observar que en todas las fosas había una capa de cal encima y otra debajo del cadáver.

El día 17 de diciembre, fruto de las averiguaciones llevadas a cabo por el Juzgado, centradas en las declaraciones del expolicía, se envía un telegrama a la Audiencia de Sevilla, comunicando que en el llamado huerto del Francés se habían encontrado dos cadáveres inhumados, y que la inhumación de uno era reciente, suponiéndose que fuera el tal Rejano. A la postre, el pseudónimo de Expolicía se correspondía con el exinspector de policía Laureano Rodriguez Conchas, autor de los artículos que publicó El Liberal.

Los medios de comunicación comienzan a explotar el suceso: el huerto del Francés servía para ejecutar juegos prohibidos y era el campo de hazañas de muchos ventajistas; la delación de un expolicía desentraña una desaparición; Rejano ganó una fortuna por medio de juegos prohibidos. Se supone que en el momento de ser asesinado, llevaba encima la cantidad de 35.000 reales; todos los que han intervenido en el hecho son jugadores de oficio, etc.

Entre tanto, el dueño del huerto, un tal Andrés Aldije que había arrendado el huerto hacía veinte años, andaba desaparecido y José Muñoz, íntimo amigo del fugado, fue preso por la Justicia apenas iniciadas las averiguaciones.

Apenas transcurrido un día y las excavaciones dan su fruto, un nuevo cadáver que, tras su identificación, tampoco era Rejano. Según los indicios el cuerpo pertenecía a Francisco Jiménez, ciudadano de Peñaflor que desapareció para familia y vecinos hacía dos años. (Continuará)

Fco. Javier de León
Profesor titular de Derecho Penal de la UCLM


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